miércoles, 20 de diciembre de 2017

BOCETO PARA LA SIESTA DE UN FAUNO

Detrás de las danzas que se ven en escena siempre hay una historia. La historia de las técnicas corporales, de los relatos artísticos, del cuerpo, de la sociedad, de las políticas de dominación. Porque las danzas que generalmente trascienden en el mundo occidental y capitalista son aquellas que los grandes medios de la historia dejan pasar. Sin embargo, a veces hay zonas subdesarrolladas cuya persistencia en los relatos históricos las llevan a colarse por los siglos, y nos llegan otras versiones de las cosas.
En esta pieza de danza hay una investigación histórica respecto a un bailarín que no trascendió demasiado en la historia de la danza occidental espectacular, pero que ha atravesado los años para llegar aquí y ahora y darse a conocer a quienes no han sabido de él. No es debido a su figura en particular que lo resaltamos, solamente es un ejemplo de la importancia de dar espacio a aquello que puede quedar marginal.
La investigación de Mariela Ruggeri se suma en forma de relato textual vivo en escena, además del desarrollo que la coreografía plantea desde la puesta de movimiento.
La obra sobre la que se boceta esta propuesta es La siesta de un fauno (1912) del bailarín y coreógrafo ruso Vaslav Nijinsky,  integrante de la famosa compañía francesa Les Ballets Russes (1907). Nijinsky fue un artista talentoso e innovador que en La siesta de un fauno introdujo posturas y movimientos extraños para lo que se veía en ballet en ese entonces. Esto, sumado al nivel de sensualidad y erotismo de la pieza, causó gran revuelo en la sociedad del momento.
La coreógrafa se inspira en la obra para reflexionar sobre ella, sobre la dificultad que podría haber tenido Nijinsky para ser comprendido por los bailarines que debían interpretarla, respecto a esos movimientos que proponía y que resultaban novedosos para la época.
Una narradora en escena se desdobla para interpelar a Nijisnky como su hermana Bronislava Nijinska, bailarina también de la compañía. La puesta da a entender con estos diálogos, no sólo que el lenguaje corporal resultaba extraño sino que la impronta erótica general de la coreografía era inusual en esos años.
La propuesta despliega danza y pensamiento, de manera de poder despertar la curiosidad en el espectador no entendido en el tema, además de ofrecer un momento de danza y memoria histórica, lo que nunca viene mal.
En escena se ve un despliegue de cintas pegadas en el suelo, algunas con el rollo dispuesto como para continuar un entramado que está a mitad de camino. Hay un hombre de espaldas y una mujer en una silla con una pelota, como un cubo mágico, como si en la manipulación de la pelota se pudiera descifrar un acertijo.
A su vez, la pelota sirve en escena como objeto para armar una estructura dinámica y establecer el vínculo entre los intérpretes.
Él prueba ángulos en el espacio y quien ha visto la coreografía de Nijinsky puede reconocer los movimientos.  Se observan líneas rectas, círculos perfectos y el acto de caminar, como marcas generales para el esbozo de la pieza, una danza que “parece que no es danza” pero que diseña movimientos en el tiempo y el espacio, y donde incluso la imposibilidad de consumación del deseo que despliega la obra original, genera empatía kinestésica en el espectador de este siglo.
Finalmente se trata de bailar. Bailar lo que ya está, en este caso. Bailar un poco de historia. Bailar y reflexionar, y hasta poder rescatar de cierto olvido la figura de este bailarín genial e innovador. Nijinsky,  un adelantado a quien su época no supo valorar, y que enfermó tempranamente sin poder desarrollar todo su potencial creador.
Estas propuestas didácticas -desde el punto de vista histórico- además de invitarnos a mantener activa la memoria, son un llamado a descentralizar, a estar abiertos y alertas para recibir aquellas obras o artistas a quienes quizás aún no somos capaces de valorar, por no comprender lo que nos quieren decir.  

Qué: Boceto para la siesta de un fauno
Quién: Interpretación: Lucas Díaz, Alba Virgilio.- Vestuario: Marcelo Morato.- Iluminación: Horacio Novelle.- Música: John Cage, Claude Debussy.- Asistencia de dirección: Daniela Mena.- Coreografía y Dirección: Mariela Ruggeri.-


ENSAYO Nº 2 BANDONEÓN

Esta bella pieza dirigida por Ollantay Rojas y propuesta como un ensayo, aborda un aspecto del universo del tango a partir de un instrumento característico como el bandoneón. Presentada en el Centro Cultural Ricardo Rojas, Ensayo Nº 2 es la progresión de Estudio para bandoneón y bailarines, producida allí en el marco del Festival de danza de este año, a partir de un pedido de Alejandro Cervera a Ollantay.
En el espacio de la biblioteca, inmersos en ese aire antiguo que ofrece el olor de la madera y de pinotea del suelo, unos focos dirigidos al centro del espacio alumbran a una pareja de bailarines que repite interminablemente ocho pasos básicos del tango. Como si fuera un loop, van y vienen meciéndose mientras el público se ubica a una distancia escasa de ellos, lo que acentúa la intimidad del ensayo.
Hay humo, apenas pero suficiente para generar esa atmósfera medio onírica que evoca también esa repetición endiablada.

Un sinfín en el murmullo de la sala. Ellos, inmutables en su práctica. El hombre parece una máquina métrica que repite sin cesar los pasos mientras la mujer comienza a probar soltarse, alejarse, romper la rutina, para volver a entrelazarse en ese abrazo que los une.
Cuando el bandoneón se hace ver en escena, los bailarines parecen ignorarlo. Sin embargo, la danza se arma y desarma y permite entrar entre sus pasos a una tercera persona para seguir probando pasos en este ambiente de ensayo.
Así la música también oscila entre pruebas de Piazzolla,  Händel y Bach, con un instrumento que toma protagonismo en su corporalidad. Un fuelle que respira y resuena, que suspira y ocupa el espacio entre los bailarines dando su impronta en la escena.
Las luces toman protagonismo iluminando sectores del espacio o jugando con el ritmo del fade-out o apagón, como un elemento que aporta en la creación de la dramaturgia escénica. Lo mismo que la construcción coreográfica, el montaje de los personajes con su parafernalia de atuendos y apliques, o las decisiones espaciales, temporales, rítmicas que se toman, todo forma parte de una creación que se muestra en clave de ensayo para permitirse el juego y la reflexión sobre el arte y el oficio.
Con muy bellas imágenes y la interpretación de unos buenos bailarines profesionales en el mundo del tango, la pieza es un bocado delicioso que puede disfrutarse en cualquier espacio.
(Pudo verse también en la última edición del Festival Cambalache.)

Qué: Ensayo N°2 Bandoneón
Quién: Intérpretes: Andrés Baigorria, Melina Brufman, Sofía Calvet.- Música: S. Calvet (interpretación), A. Piazzolla, J.S. Bach, G. F. Händel.- Iluminación y espacio: Agnese Lozupone.- Colaboración: Martina Huber.- Asistencia general: Lucía Ohyama.- Dirección y coreografía: Ollantay Rojas.

Inmersos en el universo de un instrumento, en su laberinto, ensayamos aquellas verdades-falsedades del métier y sus actores. Motivados a perdernos dentro del intersticio existente entre el arte y el oficio. Sobre esa difusa línea divisoria nos predisponemos a la acción, al espacio, al sonido, al silencio. La pieza forma parte de una serie de cuatro ensayos devenidos en obras acerca del tango y su escenario, concentrados en los puntos de intersección de los bailarines, los músicos y la profesión. Ensayo nº2 es la evolución de “Estudio para bandoneón y bailarines”, producción del CCRRRojas para el festival Rojas Danza 2017



jueves, 21 de septiembre de 2017

ASUNTOS QUE QUEMAN

 Este “ensayo escénico en estado de emergencia expresivo entre la vida virtual y la vida real”, tal como informa su gacetilla, es una propuesta para transitar ese límite que las nuevas comunicaciones tecnológicas ponen en tensión. Límite entre ser o pertenecer, entre la presencia y la ausencia física, entre la conexión y la desconexión. Límite que se borronea hasta casi llegar al dilema entre el imaginario de la añorada vida en el campo y la catastrófica supervivencia en la ciudad.
Los performers nos reciben en una de las salas del Club Cultural Matienzo con luces de tubo en el suelo que cambian de color generando ambientes distintos. Suena a frito, esa vibración o interferencia que las tecnologías reproducen en el aire. Sonidos vinculados al mundo de la informática, de las redes de comunicación por cable, por ondas, virtual. Sonidos que se suman a la contaminación auditiva urbana y que ahora forman parte de la música escénica, en el juego de tensiones que la joven directora Jimena Pérez Salerno investiga en este ensayo.
En una mesa lateral hay computadoras y micrófonos dispuestos para la creación. Al igual que la pared del fondo, que sirve tanto como soporte físico, de apoyo humano, como de pantalla para proyectar. Allí podemos ver imágenes tan bucólicas como un paisaje en la noche, o tan cibernéticas como un recorrido de algún juego virtual.
Tres chicas, caminan, se miran, se siguen, se ignoran. Se sumerge cada una en el universo de su celular. También entran en contacto con una danza mínima e íntima de caras que se unen.
La red en su multiplicidad sale a la superficie como tema. La red de las relaciones humanas que se cruzan en un mundo híper informado, híper informatizado, híper comunicado. Al mismo tiempo, un mundo que naufraga en la desinformación y la incomunicación. Un mundo aislante donde pareciera que el ser humano se conecta con la existencia a través de la no existencia, de la ilusión de otro que siempre lo está viendo desde la pantalla de toda la  ciber galaxia. Donde cualquier cosa puede ser posible o imposible.
Hipertexto que mantiene a las personas en constante apertura de ventanas y canales para expresarse.
Entonces se oye la frase “opino sobre todo”, que se tensiona con la pregunta ¿si no posteo no existo? ¿Existe lo no posteado? En este gran sistema de navegación parece que para existir hay que comentar, emoticonarse, cliquear, consumir desaforadamente. Hay que existir a través de.
Allí las modas asoman en su postulado sobre lo nuevo como un centro de interés que se diluye inmediatamente, que pasa, queda atrás.
Les intérpretes proponen intervenir la máquina. Hacer eclosionar un lugar que es no lugar. Un lugar que no está en ninguna parte pero que es omnipresente al mismo tiempo.
La obra es un ensayo que arde, que prende fuego un debate que está en la cotidianidad de cada día, de cada comunicación con los otros reales, virtuales, potenciales. Gran comunidad de la nube que existe mientras haya un clic, un tipeo que asuma la existencia del otro lado, que nos dé una respuesta.
Un asunto para pensar sensiblemente sobre la alienación humana, en tiempos donde los medios de comunicación son tan chatarras como la comida.
Pero también, un asunto para confirmar la potencia que tienen los cuerpos presentes en el convivio de una sala, en vivo, aquí y ahora.
¿Qué es lo importante?

Qué: Asuntos que queman
Quién: Idea y dirección: Jimena Pérez Salerno.- Texto: Javiera Pérez Salerno.- Performers: Roberta Blázquez Calo, Laila Gelerstein, Gastón Lozano, Jimena Pérez Salerno, Luna Schapira.- Asesoramiento técnico, realización de dispositivos lumínicos y programación de proyección digital: Gastón Lozano.- Creadores: Javiera Pérez Salerno, Jimena Pérez Salerno.- Audiovisuales, edición musical y colaboración artística: Sabrina Gazzaneo.- Asesoramiento musical: Nacho Sánchez.- Asistencia de dirección: Roberta Blázquez Calo.-
Web: https://www.facebook.com/events/257237744788329/?active_tab=about
Dónde: CLUB CULTURAL MATIENZO  Pringles 1249 Teléfonos: 15-6610-1520
Web: http://www.ccmatienzo.com.ar

Cuándo: Jueves - 20:30 hs - Hasta el 14/09/2017 y 28/09/2017 - Martes - 20:30 hs - 26/09/2017

martes, 12 de septiembre de 2017

LOS HUESOS

Las maneras en que un artista nombra su obra pueden señalar por donde va su pensamiento. Por eso, la interpretación de quien participa como observador puede partir de un título.
Las reflexiones que siguen a continuación surgen a partir de esta propuesta que presenta Leticia Mazur.
Los huesos son el sostén del cuerpo, la estructura profunda, sólida y a la vez flexible, viva. Son también lo que queda de un ser cuando los otros tejidos se descomponen. Fragmentos desde donde recordar, o desde donde poder reconstruirlo.
Los huesos contienen en sí mucha información sobre una identidad.
La pieza comienza.  La luz asciende como el día, como una alusión al principio de la humanidad, como el fuego que reúne a la tribu. Se condensa en esta primera imagen una especie de ritual primario en el que los cuerpos desnudos contemplan la luz antes de moverse.
Los movimientos de uno son reflejados por otros en un sinfín encadenado donde se observa cómo el impulso viaja de un intérprete hacia otro.
Al principio, estos cuerpos parecen sostenidos por hilos invisibles que los reúnen en un todo variado y en contacto.
Los diferentes cuerpos se transmiten energía, se articulan y sacuden, se desplazan ampliando el territorio, generando un tipo de comunicación.
El cuerpo desnudo se entrega, se ofrece desvalido en toda su potencia. Sin haber un desarrollo respecto a cuestiones genéricas, el sexo se muestra en su pluralidad, y eso ya es una posición sobre el asunto.
También surgen en ese imaginario que construyen los cuerpos y la luz, escenas que desarman creencias, estigmas, credos, religiones. O que las emulan, las trazan apenas, para disolverlas después.
Entre los movimientos que aparecen, se ven los gestos de sacar y poner, de repetir una tarea, dando lugar a que se vea el cuerpo como herramienta de trabajo, así como alguna vez fueron utilizados los huesos por la humanidad.
A la vez, sobrevuela cierta idea de mecanización, de industrialización, de los sistemas de control del cuerpo en el encierro con una actividad fija y constante, de producción fabril. De alienación.
Frente a esto es que nace el gesto del puño en alto como protesta.
El cuerpo es productor de formas, de imágenes, de ideas.
El magnífico mecanismo de la luz diseñado por Matías Sendón es central y sobresale en esta propuesta. Más allá de cualquier metáfora lumínica que lo vincule al fuego, al centro de reunión, al conocimiento, a la iluminación.  Genera espacio, se cuela en la propuesta como estructura conceptual, siendo herramienta, hueso sólido que da eje al espacio, concreto, flexible y sostenedor.
También proyecta sombras y construye alegorías de cavernas, jugando con la ilusión y lo real.
En ese estado puede encontrarse la mente cuando observa tantas imágenes de movimiento convertirse en metáforas. Como proyecciones de ellas mismas.
Y aquello que se proyecta es lo que queda cuando lo otro se va.
Como los huesos.

Qué: Los huesos
Quién: Actuación: Lucas Cánepa, Ana D´orta, María Kuhmichel, Valeria Licciardi, Gianluca Zonzini.- Iluminación y Diseño de objetos: Matías Sendón.- Teaser y Grafica: Ian Kornfeld.- Música: Patricio Lisandro Ortiz.- Fotografía: Ariel Feldman.- Asistencia de dirección y Producción: María Laura Santos.- Dirección: Leticia Mazur.-
Dónde: El Galpón de Guevara - Guevara 326 Chacarita
Cuándo: martes 7,14, 21 y 28 de noviembre - 21:00 hs - 

lunes, 4 de septiembre de 2017

¡ADENTRO!

 Adentro es una invitación a entrar en el viaje hacia un interior posible. Este trayecto se da a través del movimiento y una propuesta escénica que juega con el imaginario de lo folklórico. Pero ese interior puede ir desde lo propio íntimo hasta lo compartido como un sentir común que se reúne en una danza tradicional.
Pero ¿qué es lo tradicional?
El despliegue de esta pregunta por unas danzas argentinas se materializa en unos cuerpos argentinos que son tres. Tal como son tres las danzas para piano creadas por el compositor Ginastera. Danza del viejo boyero, Danza de la moza donosa y Danza del gaucho matrero.
Aquí tenemos a esta tríada de cuerpos ubicados en diagonal, haciendo frente al espectador con unos pocos movimientos y breves desplazamientos.
Mientras exploran ese imaginario que va trazando lentamente sus encantamientos, suena el campo con su atmósfera bucólica y terrenal.
Enraizados en sus zapatillas y pantalones, se mueven, se balancean, dibujan con las manos en el aire, se pasan una especie de impulso energético que los sumerge en un vaivén espacial.
El recorrido por este adentro construye una corporalidad que explora lo masculino y femenino desde actitudes de competencia y cooperación. Como un juego de proposiciones e imposiciones donde rotan el protagonismo, donde tener barba y bigote y el pecho bien alto, impone cierto respeto, o al menos, atención.
Pero el juego no se detiene en ningún lugar, los habita, los devora y dibuja potencias en esa grafía corporal que al instante se transforma en otra cosa. Se confunden y funden una gestualidad gauchesca, ráfagas de pericón, sentires de abrazo fraterno.
En esa travesía, exploran sonidos de palmas, chasquidos de dedos, golpes sobre la falda, zapateos, gritos, revoleos. En esa ronda que son los tres, también resalta cada uno con su particularidad expresiva.
La música externa participa y se diluye para dejar lugar a la musicalidad interna. Todo a la vista, con una iluminación plena que los acompaña como un sol intenso.
Solo al final, como si la tarde llegara a la pampa, se va apagando la luz dando lugar a cierta quietud visual, que se mece por un cántico vespertino, casi de pulpería, de cuadro de Molina Campos, como un fade out de la obra.
Y uno sale del viaje, renovado.

Qué: ¡Adentro!
Quién: Idea y Dirección: Diana Szeinblum.- Intérpretes: Pablo Castronovo, Bárbara Hang, Andrés Molina.- Vestuario: Andrés Molina.- Iluminación: Gonzalo Córdova.- Música: Axel Krygier.- Coreografía: Pablo Castronovo, Bárbara Hang, Andrés Molina, Diana Szeinblum.-
Cuándo: Sábados 21 hs.
Dónde: Estudio Fraga. Dirección y reserva por mail a adentroreservas@gmail.com





                                                                                                         

miércoles, 16 de agosto de 2017

MIEDO

Miedo es una propuesta escénica compuesta especialmente para la Sala Redonda del Centro Cultural 25 de Mayo. Surge a partir de una investigación teatral, musical y de movimiento que tiene como dirección la mirada de Ana Frenkel acompañada por la codirección de Daniela Bragone.
En la sala circular el público se ubica rodeando el espacio. En el centro de la misma se ven un montón de listones de madera. Diego Velázquez y Esteban Meloni son los dos hombres que ubicados allí, en el medio, comienzan a caminar en círculo.
A medida que avanzan en esta vuelta interminable, se oyen sonidos de latidos, de pájaros, como una atmósfera entre interna y campestre que los acompaña. Esta creación sonora pertenece a Diego Vainer, músico cuya sensibilidad creativa genera dramaturgia junto a los cuerpos de la escena.
Los actores cuchichean, parecen intercambiar algo. Caminan como si se siguieran y aumentan la velocidad, ¿pasa algo entre ellos?
Los listones de madera que vemos en la sala sirven para construir distintas situaciones escénicas. Desde una especie de pira a la que le prenden fuego para que arda allí uno de ellos, hasta un refugio, un juego, unas armas, un bosque.
Los intérpretes corren y se lanzan uno sobre el otro. ¿El miedo te corre o te hace correr? El título de la pieza sale a la superficie en algunos momentos cuya atmósfera se enturbia por ese vínculo indescifrable entre ellos.
Desde un mundo en llamas donde uno duda entre no querer enamorarse o desear  incendiarse con el otro, las maderas son como obstáculos que por el juego escénico se transforman en diferentes dibujos espaciales. Diseños que, a la vez, conectan con distintos imaginarios.
Uno de ellos puede ser el bosque, como espacio brumoso del inconsciente donde se sumerge el artista, o donde puede naufragar el loco.
Los dos hombres van juntos en una conexión interna que se sostiene durante todo el transcurso de la propuesta, se acercan o alejan, se preguntan, se increpan, se manipulan, tiran, empujan, pisan, bailan.  
Las situaciones suceden en un cruce donde las luces danzan con los cuerpos. Las escenas se arman y desarman, acompañadas por una iluminación activa que crea espacialidad y dinamismo, que apoya ese juego que parece sostenerse hasta que uno de ellos lo rompe. Así puede aparecer la sensación de angustia, soledad, vacío, miedo. Un miedo que se desintegra con el “acá estoy” del otro.
El refugio se convierte en sepulcro. El dolor se comparte desde el golpe dado que es sufrido en el que pega, como si se golpeara a sí mismo. El cuerpo está en juego en un diálogo físico permanente que genera varias metáforas posibles.
Las maderas son utilizadas de muchas formas, exploradas tanto en su funcionalidad práctica como en su posibilidad poética. Son el laberinto del amor, de las relaciones, de uno mismo. El misterio del propio bosque.
Pero más allá de lo que se pueda elucubrar desde el imaginario personal, hay una relación espacial y corporal sostenida que no deja de circular, como la sala.
Todo es circular. La música electrónica, los cuerpos que danzan, las frutillas en el espacio reducido del baile. También la pasión y el dolor tienen esa circularidad de todo lo que se repite en su eterno retorno. La vida y la muerte en su rueda infinita.
El miedo es algo que cambia de forma, que puede tener muchas caras, que está adentro y afuera, en ningún lado y en todos a la vez. El miedo es lo insondable. Es el misterio. Es lo desconocido.   
Aquí lo han puesto a rodar de la manera que mejor saben hacerlo los artistas: Creando.

Qué: Miedo
Quién: Actuación: Esteban Meloni, Diego Velázquez.- Diseño de vestuario: Cecilia Allassia.- Diseño de luces: Paula Fraga.- Realización de escenografía: Leandro Barzabal.- Música original: Diego Vainer.- Fotografía: Constanza Niscovolos.- Asesoramiento Vocal: Diego Frenkel.- Asistencia de dirección: Hugo Martínez.- Producción: María José Schroeder.- Co-Dirección: Daniela Bragone.- Dirección: Ana Frenkel.-
Dónde: CENTRO CULTURAL 25 DE MAYO - Av. Triunvirato 4444 Teléfonos: 4524-7997 internos 212 Web: http://www.cc25.org/
Cuándo: Sábado - 22:30 hs - Hasta el 16/09/2017 Desde el 20/09/17 Miércoles 21 hs. 


domingo, 30 de julio de 2017

COREOMANÍA -NO PUEDO PARAR-

La obra es una invitación a divertirse que viene de la mano directriz de Josefina Gorostiza y forma parte del ciclo de danza Dans, propuesto por Maruja Bustamante para el Centro Cultural Ricardo Rojas. Presentado durante el último festival de danza del Rojas, continúa sus funciones en el mes de agosto.
El espacio recibe al público con un intérprete en escena recortado en un rectángulo de luz. Cuando terminan de acomodarse todos, comienza a cantar a capela una canción que va in crescendo, acompañada de algunas risas que despierta en la platea.
La danza comienza desde la propuesta de “bailar pegados”, que surge en este silencio sonoro donde solo la voz potente del intérprete atraviesa la sala.
La atmósfera es turbia y deportiva a la vez, creando cierta intriga que se desarma inmediatamente con el poder de los cuerpos en movimiento.
En el fondo del espacio se divisan varias personas que empiezan a bailar en grupo. Entre ellos hay un dj cubierto con un casco que rememora a los músicos del dúo francés de música electrónica Daft punk, lo que puede sumar un condimento a la idea de entregarse al baile, como pide uno de sus temas.
Se dispara la música. Se lanzan a la pista los bailarines y bailarinas. La expresión libre se suma y organiza para desorganizarse después.
La danza construye un relato grupal coreografiado bastante potente. El nivel aeróbico de los pasos incluye desplazamientos que acercan y alejan al grupo del frente de la escena. Ellos se mueven en bloque de una manera simple e intensa que podría incluso asociarse a las clases de algún gimnasio.

La fuerza colectiva se contagia. Hasta el trabajo con el tiempo, estructurado a veces en esquemas de 8, 4 y 2 compases, da una circularidad sencilla muy disfrutable.
Los intérpretes mantienen una ubicación en masa donde las individualidades se despegan por momentos y se diferencian de ella. Todos y uno, uno y todos. Así se producen miles de vibraciones grupales que se multiplican como en un enjambre humano.
La danza crece como un acontecimiento donde la única poética reside en los cuerpos en contacto, en vivo, latiendo, transpirando, cansándose con toda su humanidad a flor de piel.
El baile continúa como en un trance donde el mismo dj se suma a la pista a bailar. La música es protagonista a través de esos cuerpos tomados por la potencia del movimiento compartido.
En un espiral interminable de agitación y deseo, el final es un loop que se proyecta como una propuesta hacia el espectador: Resistir o desmayar, es la cuestión.
Bailar siempre.

Qué: Coreomanía -No puedo parar-
Quién: Intérpretes: Mauro Appugliese, Victoria Delfino, Nicolas Goldschmidt, Juan Manuel Iglesias, Antonela Pereyra, Mauro Podesta, Lucia toker.- Diseño de luces: Sebastián Francia.- Diseño sonoro: Facu Kchihomeless.- Diseño gráfico Y Dirección de arte: Adrian Tosta.- Dirección: Josefina Gorostiza.-
Dónde: Sala Cancha. Centro Cultural Ricardo Rojas Avda. Corrientes 2038
Cuándo: Sábado 5, 12 y 26 de agosto. 22.30 hs.- Martes 8 de agosto a las 19.30.-
NUEVAS FUNCIONES: Viernes 8 y 15 de diciembre a las 21 en el Portón de Sánchez. Sánchez de Bustamante 1034

Para curiosos: “La coreomanía, danzamanía, enfermedad del baile, manía de bailar o, popularmente, baile de san Vito, fue un fenómeno social que se produjo principalmente en el continente europeo entre los siglos XIV y XVII. Se trataba de grupos de personas bailando de manera irregular, a veces miles a la vez. La manía afectaba a hombres, mujeres y niños, que bailaban hasta que se derrumbaban de agotamiento. Uno de los primeros brotes importantes fue en Aquisgrán, Alemania, en 1374, y se extendió rápidamente por toda Europa; un brote particularmente notable se produjo en la epidemia de baile de 1518 en Estrasburgo.
La manía afectó a miles de personas a través de varios siglos. La manía de baile no fue un hecho aislado, sino que fue bien documentado en los informes de sus contemporáneos. Fue, sin embargo, poco estudiada seriamente, y los diagnósticos se basan en conjeturas. En general, los músicos acompañaban a los bailarines, para ayudar a protegerse de la manía, pero esta táctica era a veces contraproducente, alentando más a participar. No hay consenso entre los estudiosos de hoy en día en cuanto a la causa de la manía de baile.1​
Algunas teorías proponen ciertos cultos religiosos detrás de las procesiones de gente bailando para rebajar su estrés y olvidar así la pobreza del período. Otros, sin embargo, piensan que es una enfermedad psicógena masiva en la que la aparición de los síntomas físicos similares, sin causa física conocida, afecta a un gran grupo de personas como una forma de influencia social.” (https://es.wikipedia.org/wiki/Coreomanía)