miércoles, 20 de diciembre de 2017

BOCETO PARA LA SIESTA DE UN FAUNO

Detrás de las danzas que se ven en escena siempre hay una historia. La historia de las técnicas corporales, de los relatos artísticos, del cuerpo, de la sociedad, de las políticas de dominación. Porque las danzas que generalmente trascienden en el mundo occidental y capitalista son aquellas que los grandes medios de la historia dejan pasar. Sin embargo, a veces hay zonas subdesarrolladas cuya persistencia en los relatos históricos las llevan a colarse por los siglos, y nos llegan otras versiones de las cosas.
En esta pieza de danza hay una investigación histórica respecto a un bailarín que no trascendió demasiado en la historia de la danza occidental espectacular, pero que ha atravesado los años para llegar aquí y ahora y darse a conocer a quienes no han sabido de él. No es debido a su figura en particular que lo resaltamos, solamente es un ejemplo de la importancia de dar espacio a aquello que puede quedar marginal.
La investigación de Mariela Ruggeri se suma en forma de relato textual vivo en escena, además del desarrollo que la coreografía plantea desde la puesta de movimiento.
La obra sobre la que se boceta esta propuesta es La siesta de un fauno (1912) del bailarín y coreógrafo ruso Vaslav Nijinsky,  integrante de la famosa compañía francesa Les Ballets Russes (1907). Nijinsky fue un artista talentoso e innovador que en La siesta de un fauno introdujo posturas y movimientos extraños para lo que se veía en ballet en ese entonces. Esto, sumado al nivel de sensualidad y erotismo de la pieza, causó gran revuelo en la sociedad del momento.
La coreógrafa se inspira en la obra para reflexionar sobre ella, sobre la dificultad que podría haber tenido Nijinsky para ser comprendido por los bailarines que debían interpretarla, respecto a esos movimientos que proponía y que resultaban novedosos para la época.
Una narradora en escena se desdobla para interpelar a Nijisnky como su hermana Bronislava Nijinska, bailarina también de la compañía. La puesta da a entender con estos diálogos, no sólo que el lenguaje corporal resultaba extraño sino que la impronta erótica general de la coreografía era inusual en esos años.
La propuesta despliega danza y pensamiento, de manera de poder despertar la curiosidad en el espectador no entendido en el tema, además de ofrecer un momento de danza y memoria histórica, lo que nunca viene mal.
En escena se ve un despliegue de cintas pegadas en el suelo, algunas con el rollo dispuesto como para continuar un entramado que está a mitad de camino. Hay un hombre de espaldas y una mujer en una silla con una pelota, como un cubo mágico, como si en la manipulación de la pelota se pudiera descifrar un acertijo.
A su vez, la pelota sirve en escena como objeto para armar una estructura dinámica y establecer el vínculo entre los intérpretes.
Él prueba ángulos en el espacio y quien ha visto la coreografía de Nijinsky puede reconocer los movimientos.  Se observan líneas rectas, círculos perfectos y el acto de caminar, como marcas generales para el esbozo de la pieza, una danza que “parece que no es danza” pero que diseña movimientos en el tiempo y el espacio, y donde incluso la imposibilidad de consumación del deseo que despliega la obra original, genera empatía kinestésica en el espectador de este siglo.
Finalmente se trata de bailar. Bailar lo que ya está, en este caso. Bailar un poco de historia. Bailar y reflexionar, y hasta poder rescatar de cierto olvido la figura de este bailarín genial e innovador. Nijinsky,  un adelantado a quien su época no supo valorar, y que enfermó tempranamente sin poder desarrollar todo su potencial creador.
Estas propuestas didácticas -desde el punto de vista histórico- además de invitarnos a mantener activa la memoria, son un llamado a descentralizar, a estar abiertos y alertas para recibir aquellas obras o artistas a quienes quizás aún no somos capaces de valorar, por no comprender lo que nos quieren decir.  

Qué: Boceto para la siesta de un fauno
Quién: Interpretación: Lucas Díaz, Alba Virgilio.- Vestuario: Marcelo Morato.- Iluminación: Horacio Novelle.- Música: John Cage, Claude Debussy.- Asistencia de dirección: Daniela Mena.- Coreografía y Dirección: Mariela Ruggeri.-


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